#CuscoDatos. Todo comenzó cuando la Comisión de Constitución del Senado aprobó —con el voto unánime de los parlamentarios presentes— incorporar siete materias adicionales al paquete de delegación de facultades que originalmente había enviado la Cámara de Diputados. Con este cambio, el dictamen final se elevó a 27 puntos antes de pasar al Pleno para su debate final.
Frente a esta modificación, un grupo de congresistas decidió no asistir a la sesión como medida de protesta, exigiendo que se respetara estrictamente el marco aprobado de manera previa por la Cámara Baja. La respuesta de un sector de la prensa no tardó en llegar, pero no en forma de debate de ideas o análisis institucional, sino a través de una agresiva campaña de señalamiento.
Diarios de alcance nacional desplegaron portadas con un marcado tono de confrontación: Perú 21 abrió su edición con la frase "No olvides estos rostros", acompañada de las fotografías de los parlamentarios ausentes y el subtítulo "La izquierda se negó a debatir sobre los problemas más álgidos del país".
Mientras que el diario El Comercio, en su portada del martes 20 de octubre, tituló "Comisión amplia a 27 puntos las facultades para el Ejecutivo", publicando directamente los rostros de los legisladores Víctor Cutipa, Iver Maraví, Humberto Morales, Ruth Luque y Patricia Iturregui, catalogándolos como los "congresistas que intentaron dejar sin quórum la sesión".
UN ECO DEL PASADO: ¿EL REGRESO DE LA PRENSA "CHICHA"?
Lejos de informar con neutralidad sobre una discrepancia legítima respecto al equilibrio de poderes y los procedimientos parlamentarios, las portadas optaron por atacar a los parlamentarios. La congresista Ruth Luque cuestionó con dureza el rol de los medios implicados: “Los diarios chicha versión 2026 otra vez al lado del fujimorismo. La verdadera infamia es romper el equilibrio de poderes con un Senado que hace y deshace con maniobras típicas de los años 90."
La referencia de Luque alude directamente a la década de 1990 durante el régimen de Alberto Fujimori, época en la que se financió una red de diarios tabloides —popularmente conocidos como "prensa chicha"— enfocados en difamar, ridiculizar y atacar la reputación de los opositores políticos del gobierno.